“El censurado hace bulla” El caso de los dos Lucas o lo que des-oculta el arte de la censura

Por Úrsula Ochoa

En el año 2010 en la ciudad de Medellín, la censura se hizo a su amaño con un mural del Centro Colombo Americano realizado por el artista y hoy curador del museo de Antioquia Carlos Uribe. Una imagen del muchas veces utilizado en el arte Pablo Escobar (El Patrón), fue la causa de la alarma de esta “comprometida” institución. Sobre el caso, el crítico artista o el artista crítico Lucas Ospina opinó en un artículo titulado Lo que oculta la censura para Arcadia y para su blog que: 

“El arte que más atención recibe por estos días es el de la censura, tal vez esto se deba a que se trata de obras de creación colectiva: un artista hace una cosa, alguien la censura, el artista protesta, la prensa da forma y la audiencia reacciona. 
El censurado hace bulla, como la hizo hace poco Carlos Uribe cuando un mural suyo, alegórico al criminal Pablo Escobar, fue puesto sobre la fachada del Centro Colombo Americano de Medellín y a los tres días fue borrado por la institución: “He sentido violados mis derechos a la libre expresión y más aún, a mi condición reflexiva y libre como artista visual de expresar, señalar y opinar sobre lo que se antoje”. Vino la prensa y la obra revivió, amplió su nuevo horizonte al mundillo nacional: el artista y el curador institucional se rapaban la razón, uno le daba curso a su letanía, el otro se metía en un berenjenal ético, decía que el mural fue borrado porque podía “herir sensibilidades”; no especificó si se refería a la sensibilidad propia —ser despedido— o a sensibilidades extremas que podían ejercitar su “condición reflexiva” a punta de petardos sobre la fachada del ente binacional (hay que ver si el antojo temerario del artista lo lleva a poner su mural sobre la fachada de su residencia).  Aun así, ambos antagonistas se pusieron de acuerdo para completar esta obra de género censura: el censurado la dibujó, el censurador la coloreó y la prensa la enmarcó. Algunos artistas se victimizan tanto que revelan algo más: el deseo de ser censurados, la atracción y necesidad por una fuerza externa y opresiva que los viole. El censor deja de ser bruto y su acto arbitrario pasa a formar parte de la obra: completa, hace y logra —gracias a la caja de resonancia publicitaria— lo que la inane política del arte no alcanza en lo social”. 


Simpáticamente, fue la misma institución, ahora en Bogotá, la que censuraba luego de casi diez años, un mural realizado por la dibujante Power Paola y ¡Oh sorpresa! el mismo Lucas Ospina. Sobre esto no nos queda más que pensar en lo irónica que puede ser la vida cuando se burla de los que se burlan y nos recuerda lo insignificantes que somos frente a sus destinos caprichosos. Así, cómo si se tratara de una paradoja, ahora al artista que escribía que “El censurado hace bulla” y que “Algunos artistas se victimizan tanto que revelan algo más: el deseo de ser censurados, la atracción y necesidad por una fuerza externa y opresiva que los viole”, lo han censurado, ¿lo han violado?; y este, ofendido y por supuesto consternado, hace bulla en sus redes sociales. 

Paradójicamente también, mi sensación de que la obra cobraba mucha más importancia luego de ser censurada, una importancia que seguro no habría alcanzado si solo se hubiera realizado y terminado el mural, es más que otro punto irónico de todo lo que este caso sobre el arte, la censura y la crítica podría enseñarnos; máxime cuando las palabras de Lucas Ospina sobre el caso de Carlos Uribe no fueron tampoco arbitrarias:

“El censor deja de ser bruto y su acto arbitrario pasa a formar parte de la obra: completa, hace y logra —gracias a la caja de resonancia publicitaria— lo que la inane política del arte no alcanza en lo social”. Vale decir además que ha sido justamente la revista Arcadia, medio en el cual Lucas Ospina escribió su texto, el medio que le ha dado resonancia a este caso (además de esfera pública claro está).  Así, lo que valdría la pena preguntarnos es: ¿Será que ahora, quizás otro Lucas Ospina y no el de hace nueve años, comparte con Carlos Uribe ese pequeño sentimiento de impotencia y desconcierto al ser censurado? O Lucas sabe sobrepasar esas cosas banales del ego que solo se permite un “artista victimizado”.

¿Será que como muchos también han sospechado, esta censura es una farsa para conseguir visibilidad? ¿Será entonces esta la obra más importante del Salón Nacional, justo por las razones que el mismo Lucas Ospina en el 2010 suspicazmente señalaba?

¿Será que todo este alboroto es una manera creativa de mostrarnos el revés de la trama?, es decir, a la luz de un Salón que ha recibido ya algunas críticas, porque en efecto tiene cosas criticables, dicha obra mural en el Colombo, con todo y censura (mural que también mostraba personajes nefastos), serviría para cumplir con la retórica que ha propuesto el Salón (algo que no hacen todas las curadurías y menos algunas obras), como por ejemplo la de mostrarnos el otro lado de las cosas, “[…] la imagen que se quiere mostrar y la parte de atrás que da cuenta de las costuras, del proceso, de lo que ha sido escondido”… De lo inacabado, o de lo que no ha sido permitido terminar.

Analizando en paralelo tenemos que:

Caso Carlos Uribe: Colombo, mural, crítica al Estado, censura.

Caso Lucas Ospina: Colombo, mural, crítica al Estado, Censura.

Ahora bien, dada la visibilidad que se le ha dado al caso y la más que justa preocupación de todos en el medio, ¿es más importante el comentario de Lucas Ospina porque es de Lucas Ospina y era menos importante el comentario de Carlos Uribe porque lo hacía Carlos Uribe? O es hora de reconocer que la censura no fue una opción oportuna ni justa en ninguno de los dos casos.

Recordemos que el arte, sobre todo aquel que aboga por el derecho de la sociedad a la libre expresión y a la democracia, debería tener el tema de los egoísmos personales superados, y entre los mismos artistas, deberían ser más solidarios. Por lo mismo, supongo que en aquel entonces Lucas Ospina ejercía su papel como crítico y no se puso en los zapatos del artista, como ahora le tocó, pero la crítica en ocasiones también puede estar a favor de los artistas y del mismo lado; en lo que a mí respecta, por ejemplo, me pronuncio totalmente en contra de que a los artistas del Salón, tanto a Lucas como a Power Paola los hayan censurado; y se espera una respuesta coherente y digna de parte del Colombo Americano.
***
Por otra parte, sobre la censura, es uno de los actos de mayor cobardía que se ha repetido en la historia de la humanidad. Censurar implica que hay algo peligroso que puede desestabilizar un sistema, una institución, en suma al statu quo. La iglesia y la sociedad en general ha censurado a las mujeres por siglos, porque, en efecto, les resultamos peligrosas. En el arte, las obras que de manera aguda o incluso a través del escándalo un poco menos profundo, pero igualmente efectivo han señalado aquello que como sociedades mediocres, complacientes y cómodas nos molesta enfrentar, han sido censuradas en un acto que resulta brutal y alienante, un acto que atenta contra toda posibilidad humana de expresar, analizar, criticar y autocriticarse.

La censura no permite que el individuo se haga preguntas sobre lo que le han dado por hecho, por sentado, porque no hay nada más peligroso que una cabeza autónoma y pensante. El miedo que se esconde detrás del ente que censura, nos permite darnos cuenta de que aquello censurado tiene en efecto un valor casi incalculable. La censura por lo tanto estrangula el análisis y la reflexión, la censura detesta el diálogo; ese que posiblemente planteaban los artistas censurados en el Salón Nacional.

Sobre esto, resulta perverso y sobre todo irrespetuoso que en un evento que en efecto es pagado con recursos públicos, una institución que ha firmado un contrato se de el lujo de manipular lo que se puede o no se puede ver, lo que se puede o no se puede mostrar (el revés), evitando de manera premeditada que el público reconozca en aquellos dibujos, las atrocidades de un gobierno podrido, corrupto y vergonzante, que no deja más que muertos al paso cuando no se está de lado de sus intenciones infames. Alguien escribía en Facebook que el acto de pintar de blanco el mural de Power Paola y Lucas Ospina era lo mismo que decir “si no se callan los blanqueamos”, como han hecho con tantas voces verdaderamente revolucionarias y con tantos líderes sociales.

En este mismo sentido y, sospechosamente, cuando las obras señalan las infamias del gobierno y del mismo personaje (al igual que si hablaran de Pablo), cualquier señalamiento sobre este, es callado, borrado y tapado; y como ejemplo, recordemos también la censura que se le impuso igualmente en el 13 Salón Regional de Artistas al caricaturista Chócolo, cuando su viñeta “Falso positivo” aparecía tapada con pliegos de cartulinas blancas (recuerden: “si no se callan los blanqueamos”), porque al parecer, escribió el mismo Chócolo para la revista Soho, “los organizadores del evento pensaron que el chiste de la caricatura podía ofender a la ministra, y entonces procedieron a tapar los diálogos de la obra con pliegos de cartulina blanca”.

Los ataques contra cualquier intento de la expresión artística sobre las infamias de un hecho político y social, es decir, toda rastrera forma de control, solo evita la participación y el acceso de todos los públicos y todos los espectadores a la realización de su derecho social originario; es decir, a ser sujetos críticos, activos y partícipes de la información que nos están dando.

Finalizo con una frase de Mario Vargas Llosa:

“Todas las dictaduras, de derechas y de izquierdas, practican la censura y usan el chantaje, la intimidación o el soborno para controlar el flujo de información. Se puede medir la salud democrática de un país evaluando la diversidad de opiniones, la libertad de expresión y el espíritu crítico de sus diversos medios de comunicación.”

[Publicado en Bitácora de textos]

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